Encajados en el tiempo.
—¿Daniel, no lo podemos dejar para mañana?
—No, Gladys. Vamos a mi casa, dale.
—Mirá que Marisol nos espera. Le dije que íbamos después del cole.
—Es un rato, no más.
—¿Están tus viejos?
—No, no están.
—Bueno, vamos. Vos y tus antojos.
—¿Dónde está Toby?
—Durmiendo, y dejalo que duerma. Entrá, Gla. Vamos a mi cuarto.
—¿Lo tenés ordenado?
—Entrá, nena, dale.
—¡Epa! Ahora sí, parece un cuarto.
—Lo ordenó mi vieja.
—¿Por qué no me sorprende?
—Tonta. Vos sentate en esta silla; yo en esta; y la caja en la cama. Listo.
—¿Qué es esa caja?
—Una máquina del tiempo.
—Oh. ¿Ya empezamos con las boludeces?
—Así que agarrate fuerte, que nos vamos de viaje. Te dije que te agarraras
fuerte, no que te cruzaras de brazos.
—Dale, Dani. Nos espera Marisol.
—Bueno. Tres, dos, uno... ya está.
—¿Ya está qué, boludo?
—Gladys, ya estamos en el pasado.
—Sí, seguro.
—Mirá dentro de la caja.
—¡Uy! ¿Y todas estas porquerías?
—No son porquerías. Son objetos que pertenecieron a mi bisabuelo...
—¿A tu bisabuelo?
—Sí. Cuando mi bisabuelo era niño. Juguetes de otra época. ¿A que no sabés
que es esto?
—Algo para romperle la cabeza a alguno.
—Muy viva. Es un balero.
—Ya sé que es un balero. Lo vi en una peli. ¿Para qué le puso las tachas?
—Para que entrara mejor en el agujero.
—No seas zarpado. ¿Y este? ¿Quién es?
—Esas son figuritas, Gla.
— Sé lo que son y también sé como se jugaba. Pero te pregunté por el
jugador.
— Fue arquero de independiente. Se llamaba San Toro.
—Mierda. ¿Todos fueron de Independiente en tu familia?
—Ajá.
—¿Y cómo sabés todo esto, Dani?
—Me lo contó mi bisabuelo.
—Tu bisabuelo murió antes que vos nacieras, y antes que sigas con tus
boludeces, mejor nos vamos, otra tarde la seguimos.
—Sí, ya sé: nos espera Marisol. Pero una cosa más, Gla. Me gustaría regalarte
uno de estos objetos.
—¿De esas cosas?
—¿Qué, no te gustan?
—No, no es eso. Solo... que... son tan, tan... viejas.
—Elegí uno.
—¿Yo?
—Sí. Dale, elegí.
—Bueno. A ver... a ver... Ah, esta.
—¿Esa rana?
—Sí. ¿Qué tiene? ¿No es linda?
—Eh, claro. Solo que, no…
—Me llevo esta, Dani. Al menos tiene colores y parece de… ¿Plástico?; ¿de
vidrio?. Bueno, no importa, me la llevo. Ahora, vamos, que se hace tarde.
¡Vamos!
—Es que... esa rana no tenía que estar ahí, Gladys.
—A ver y, ¿dónde carajo tenía que estar?
—En la otra caja. Tengo otra caja.
—¿Cuál, Danielito?
—Es una caja con cosas... pero... con cosas... del futuro.
—¡Terminala, tarado! ¡Vamos!
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