domingo, 5 de enero de 2020

Entrevista de radio. Ficción
Por
Hugo Rodríguez.
Adaptación del cuento ‘El Corazón Delator’ de Édgar A. Poe.
Para el programa ‘De Todo un Poco’ radio abierta.

Entrevistador y Ángela, sentados a la mesa, frente a la platea y ante los micrófonos.
Ángela, con algún desequilibrio mental, está algo tensa, no por encontrarse en un estudio de radio, sino por que es la asesina de Don Tránsito y cree que ha sido invitada al programa para confesar su crimen.
El entrevistador, que ignora que tiene a la asesina frente a sí, se comporta natural y seguro de la situación.
El operador es imaginario y opcional.


ACTO ÚNICO.

ENTREVISTADOR (algo consternado, mira a la platea): -estimados oyentes, buenas noches. En estos días, los vecinos de nuestra ciudad se han conmovido por la extraña desaparición de Don Tránsito Osario, reconocido y octogenario escritor, que tanto brindó a las letras argentinas y colmó de orgullo a la comuna. La policía aún no ha podido dar con su paradero, desde que Don Tránsito se ausentó días atrás de su domicilio en el Country Abril. Allí, pasaba su retiro en una casona hermosa de dos plantas. Tuve oportunidad de visitar esa casa, en una entrevista que le realicé, no hace mucho. Hermosa residencia, de estilo inglés, tejado, con piso de madera y ventanales largos.

ENTREVISTADOR (distendido, mira a Ángela): -la entrevistada de esta noche es Ángela Lobos. Ángela, buenas noches. Bienvenida a nuestro programa.

ÁNGELA (algo tensa): -buenas noches.

ENTREVISTADOR (ameno): - ¿cómo se encuentra?

ÁNGELA (algo tensa): -bien. Un poco nerviosa.

ENTREVISTADOR (ameno, toma la mano de Ángela): -no es para menos. (Mira a la platea) Ángela Lobos ha cuidado de Don Tránsito. Le ha brindado las atenciones que una persona, ya de más de ochenta años, necesita y que además, vive solo en esa casa grande del Country Abril. Y Ángela, ha sido la última persona que vio al escritor. ¿Cuánto hace que cuidaba a Don Tránsito, Ángela?

ÁNGELA (algo tensa, calcula): -y dos meses, más o menos.

ENTREVISTADOR: -no mucho.

ÁNGELA (algo tensa): -no. Antes lo cuidaba otra señora. Pero renunció. No sé porque. Yo me dedico a cuidar personas mayores y tengo mi currículo en una agencia. Me ofrecieron el cuidado de Don Tránsito y lo acepté.

ENTREVISTADOR (ameno): - ¿cómo fue tu primer día de trabajo en la casa de Osario?

ÁNGELA (algo tensa, se retuerce las manos): -y bueno, me acuerdo que estaba nublado y que hacía mucho frío ese día. En la entrada del country los vigiladores me pidieron los documentos y todo eso. Lo llamaron por teléfono avisándole que yo había llegado. Y después me indicaron donde quedaba la casa. Caminé hasta la casa. Toqué el timbre y Don Tránsito abrió la puerta y cuando lo vi (frotándose los brazos) me asusté un poco.

ENTREVISTADOR: - ¿Por qué?

ÁNGELA (tensa): Bueno, Don Tránsito estaba algo desalineado. Tenía una bata puesta. Quizás recién se levantaba. Es tan delgado. Casi que se le notan los huesos. Y ese ojo de vidrio (piensa). Me daba cosa. Me impresionó.

ENTREVISTADOR (condescendiente, alterna miradas con la platea): -sí, es cierto. La verdad que, la figura desgarbada de Don Tránsito Osario y esa prótesis ocular le dan una fisonomía, podríamos decir, más que inquietante. Un poco acorde, si se quiere, al género que él cultiva: el suspenso.

(Ángela se inquieta en la silla y mira a su alrededor).
ENTREVISTADOR (seguro): -Ángela ¿usted notó algo fuera de lo común en Don Tránsito, días antes de la desaparición?

ÁNGELA (preocupada): - ¿no oye ese ruido?

ENTREVISTADOR (algo desconcertado): -no. ¿Qué ruido?

ÁNGELA (mira en derredor): -Ese. ¿No lo oye? Pun, pun. Parece como un latido.

ENTREVISTADOR: -No Ángela. No oigo nada. (Miraría al operador). Quizás se trate del parlante detrás de usted. (Volviendo a la compostura) Por qué no me cuenta ¿cómo fueron los últimos días que estuvo usted con Don Tránsito?

ÁNGELA (mira un rato más alrededor y luego responde): -sí. Bueno. Recuerdo que la última semana, lo noté un poco pensativo. Esas últimas siete noches yo, antes de irme a dormir…quiero aclarar que yo vivía prácticamente en la casa de Don Tránsito. Tenía mi pieza en la planta de arriba.
(Misteriosa). Le decía que antes de irme a dormir abría despacito la puerta del dormitorio de Don Tránsito. No la abría del todo. Lo suficiente para meter mi cabeza y mirar si él estaba bien. Sin hacer nada de ruido, para no despertarlo. Lo hice las últimas siete noches.
Todavía recuerdo su rostro dormido. La luz que entraba por la puerta le daba justo en el ojo de vidrio. Él dormía siempre con ese ojo abierto. Miraba siempre al techo. Con la boca abierta. Parecía como si estuviera…Bueno, usted me entiende.

(Entrevistador afirma con la cabeza)

ÁNGELA (casi para sí): -Se me helaba la sangre. Y Ese ojo. Ese ojo como de buitre.

ENTREVISTADOR (algo ansioso):- ¿Y cómo fue el último día que estuvo con él?

ÁNGELA (tensa, haciendo memoria):-bueno, yo preparé el desayuno como siempre y se lo llevé a la cama y entonces ahí me di cuenta que no estaba. Lo busqué por toda la casa. En su estudio. El baño. El jardín. Pero no lo encontré por ningún lado. Llamé por teléfono a los vigiladores del country por si lo habían visto y me dijeron que no. Esperé un rato, por que no sabía que hacer. Entonces me decidí por llamar a la policía y en ese momento sonó el teléfono: era el vigilador de la entrada diciéndome que la policía venía para la casa. Yo no entendí en ese momento. Hasta que llegaron. Eran tres oficiales y uno me dijo que algunos vecinos habían oído un grito en esta casa. Por la noche. Y yo, la verdad que no oí nada. Los policías revisaron toda la casa y no encontraron nada, nada y después se fueron.
ENTREVISTADOR (interesado): ¿usted qué cree, Ángela, qué pudo suceder?

ÁNGELA (pensativa, mira alrededor): -yo, yo no sé.

(Ángela se altera)

ÁNGELA (tensa): - ¡ahí esta otra vez ese ruido! (se tapa los oídos).


ENTREVISTADOR (se preocupa y mira al operador, lo interroga con gestos):- ¿Qué ruido, Ángela? No se oye nada. ¿Se siente bien?

ÁNGELA (muy tensa, mira al rededor): - ¡sí, sí, me siento bien! ¡Pero ese ruido!: pun, pun. Pun, pun. ¿No lo oye?

ENTREVISTADOR (preocupado): -no Ángela, no se oye nada. Al lado hay un obra en construcción, quizás usted oye algo de ahí. Pero el estudio es a prueba de ruidos. (Pausa, reflexivo) usted tiene un oído muy fino si escucha esos sonidos. ¿He?

(Ángela ahora, mira al entrevistador).

ENTREVISTADOR (suspicaz): - ¿cómo no oyó aquella noche el grito, que sí oyeron los vecinos?
ÁNGELA (alterada, se inclina en la silla y mira a los ojos del entrevistador, lo asecha): - ¡sé lo que me está insinuando!

(El entrevistador se reclina en la silla y gesticula interrogativo al operador)

ÁNGELA (amenazadora):- ¡ése pun, pun, pun, usted también lo oye! ¡Es el corazón! ¡El maldito corazón del viejo!
ENTREVISTADOR (asustado, al operador):- ¡cortá! ¡Sacame del aire!

ÁNGELA (dominadora, al entrevistador):- ¡No, no me saques del aire! ¡Miserable! ¡No disimules más! ¡Sé para qué me trajiste! ¡Sí, yo, lo maté al viejo!
(Podría mirar a la platea) ¡Y lo enterré debajo de las tablas del piso! ¡Por eso no lo encontraron! ¡Yo lo maté! ¡Por que no soportaba su maldito ojo de buitre!


lunes, 2 de diciembre de 2019

Los herederos

Los herederos

  Hay una mansión de dos pisos, sótano y nueve habitaciones, escondida en una calle oscura cerca de la plaza del Congreso. Muertos todos sus habitantes, a lo largo de 62 años, permaneció mucho tiempo vacía. Parece que se empeña en seguir así. Cerrada.
  
  Llegó con un poco de miedo a la producción fotográfica. Y eso que ella misma había elegido al maquillador y peinador. Hacía frío en el lugar y costó romper el hielo. "No, fotos en la terraza no, por favor", rogó la actriz, al comienzo, enfundada en un tapado. Pero con el correr del tiempo, Débora Funes se fue relajando. Su cuerpo tomó calor, entró en confianza y se aflojó. De hecho, al rato accedió a posar al aire libre donde hicieron varias de las tomas.
   
   En 1930, una viuda compró el lugar en el que, cuando falleció, siguieron viviendo sus hijos: Elisa Galcerán, profundamente religiosa, y cinco varones que disfrutaban de su soltería y ponían en conflicto la moral de su hermana. Jóvenes, profesionales y exitosos, de pronto comenzaron a morir. Ella iba cerrando, después de cada entierro, una a una sus habitaciones.

   Dijo "Sí" cuando le ofrecieron tomar algo y pidió un cortado. Mas tarde, picoteó una masita seca. Se mostró encantada con el vestuario y no tuvo ni una queja. Jugó con la lente del fotógrafo: posó parada, sentada, de costado, de perfil, sin decir ni mú. Eso sí: cada tanto pedía chequear las tomas en la cámara digital del fotógrafo.

   La casa fue achicándose y vaciándose hasta que se clausuró el subsuelo, donde el último Galcerán solía encontrarse a escondidas con la mucama. Algunos dicen que Elisa los fue envenenando, pero ese secreto se lo llevó a la tumba. Desde entonces, los herederos tratan de vender la propiedad. Y no lo logran.


   Distendida y como abstraída del mundo, nunca preguntó la hora ni se mostró apurada. Sobre el final (la sesión de fotos duró poco mas de cuatro horas), la música que salía del grabador, sintonizado en una FM de tango, la terminó de inspirar. Y para sorpresa de todos, Débora improvisó unos pasos de 2x4, mientras tarareaba el tema. Daba gusto verla y parecía otra: mas despojada, mas liviana y sin coraza. Hubo aplausos, por supuesto.


El chico marciano.


El chico marciano.


  El chico marciano estaba parado junto a una pila de latas de aluminio cerca de la cinta transportadora y miró fijo al terrícola que salía del iglú. El terrícola le devolvió la mirada y pensó que le pedía una limosna. Recibió un billete de cinco mones, cantidad ínfima aunque suficiente para dos panchos, una gaseosa y un alfajor. El chico no se movió; con la apariencia de no darle importancia, guardó el billete en el bolsillo, el único sin agujeros, y antes de que el terrícola posara la bota en la cinta, el pequeño marciano, con una voz dolida pero segura preguntó: "¿Tenés latas?"


miércoles, 6 de noviembre de 2019

Oportunidad

Oportunidad

    "¿Querés una oportunidad?... Te la doy". Esas palabras me sonaron a música celestial, pero me giré para comprobar si no hablaba con otro. ¿Se dirigía realmente a mi? Perdoná, la escena transcurría en el despacho de mi nuevo jefe, el de la agencia de detectives. Yo, de pie, entre la puerta y su escritorio, muda, mientras él ordenaba unos papeles sin mirarme y yo pensaba que todo era una equivocación, no se por que. Sonó el teléfono y el colocó el auricular entre su cara y el hombro, continuando con los papeles. Las ideas se me cruzaban a mil por hora. ¿Quería darme una oportunidad a "mí"...? "Vení un momento, por favor", y yo "enseguida, señor". ¿Se había equivocado de extensión? Quizás. Era un tanto prematuro que siendo nueva me diese "una oportunidad", pero mi imaginación comenzó a volar. ¿Que qué esperaba? Un caso a lo FBI por supuesto, desde un asesinato múltiple hasta descubrir como la joven rubia platino se queda con los millones del  marido anciano, potentado impotente y penitente, con la ayuda del jardinero, que se la manduca no sólo en el huerto. ¡Qué sé yo! Me señala la silla mientras continuaba con el teléfono y los papeles. Estaba nerviosa y me senté pasando las palmas húmedas de las manos por mis pantalones nuevos. (Sí, unos marrones, no era cosa de comenzar un nuevo trabajo con mala imagen.) No me disperso, ¡sos vos la que preguntás! Sigo. Me dediqué a mirarme las uñas, luego los diplomas de las paredes y, finalmente, una foto de mujer —niños y perro incluidos— sobre el escritorio que, por algún motivo, el jefe guardó rápido en un cajón. ¿Pensará que soy chusma? Pues no lo soy aunque resulte inevitable quedarme con la imagen. De pronto deja el teléfono, acaba con los papeles, se reclina sobre su silla cruzándose de brazos mientras dice: "Te hice una pregunta". La respuesta fue una larga frase sin puntos ni comas acerca de "por supuesto todo lo que sea para eso estoy aquí con la mayor ilusión lo que me pida aunque pensé que sigo siendo nueva pero póngame a prueba yo ...". Qué vergüenza, por Dios. Me hubiese gustado escuchar, como en los set de cine, "¡corten! y repetir la escena desde el comienzo, diciendo lo justo, con seguridad y aplomo. Pero quien tenía que cortarla era yo. Me callé y esperé. Al rato iba camino de la calle y si bien la misión que me encomendaba era pura rutina para mis compañeros (que me deseaban buena suerte y aplaudían con exageración), para mí era excitante. Llegué a la cafetería indicada y me senté junto a la ventana. "Me traés fotos de todos los que entren y salgan de ese edificio -había dicho el jefe, dándome la dirección e indicándome la cafetería- hasta las 7 de la tarde". Pregunté que debía buscar pero no contestó. "Andá, llevate una cámara y a la calle. Suerte."
     No le quité ojo a la entrada intentando imaginarme que de allí podría salir desde el mismísimo Bin Laden hasta un espía ruso y vaya a saber cuántas posibilidades más que, por supuesto, me llevarían a la gloria... Comencé a sacar fotos poco emocionantes de una señora mayor con el changuito de las compras; del portero, con el mayor número de apariciones; una madre llevando a los niños al cole, trayéndolos de regreso, etc. En síntesis: salvo que el portero o un plomero que llegó justo mientras me comía una medialuna disimularan sus roles, todo era más que soso tirando a intrascendente. Hasta que salió una pareja. El franeleo fue de película, largo, intenso, como si estuvieran completamente solos inventando el amor. No podía dejar de sacar una foto tras otra y al mismo tiempo me sentía obscena. Cuando por fin se despegaron, ella se dio la vuelta y vi su rostro. Me llevó unos segundos reconocerla porque estaba sin niños ni perro, pero era ella.
   Al día siguiente el jefe me preguntó si eso era todo mientras pasaba sin mirar las fotos de portero, plomero y señoras varias. Le contesté que sí. Buen trabajo, asintió con una sonrisa. Oí un suspiro al salir del despacho, mientras abría el cajón y sacaba algo que seguramente volvía a ocupar un lugar sobre el escritorio.


domingo, 13 de octubre de 2019

Microprocesador.

Microprocesador.

Derretí la manteca con el chocolate en el microondas.
El que me derrite sos vos, bombón.
Yani, no te distraigas. Mezclá los huevos con el azúcar blanca y con la negra, sin batir.
Ok.
Fusioná ambas preparaciones...
¡Fusioná! ¡guau! ¿Sos un físico o un cocinero?
Por favor, Yani, dejáme continuar.
Sí, dale.
Agregá la harina tamizada.
¿Y si no la tamizo?
Se formarán grumos. Ahora volcá el contenido en un molde untado con manteca y llevá a un horno medio.
Y un horno medio ¿es?
180 grados centígrados.
Ajá.
Cociná durante 25 minutos.
25 minutos, bien. Y mientras se cocina ¿qué hacemos?
Dejá enfriar...
Yo voy a seguir a 180 grados...
Yani, por favor. Luego colocá la preparación en una procesadora con el ron.
No tengo ron. ¿qué tal oporto?
Se altera la receta original.
No me importa. Ahí van dos vasos... mejor cuatro; que tal.
Como desees. Procesá hasta que se forme una masa uniforme.
¡Vos sos una masa uniforme!
Por último, formá bolitas y pasálas por cristales de azúcar.

¡A tus bolitas las voy a pasar por cristales de azúcar!


lunes, 7 de octubre de 2019

Pronóstico

Pronóstico.

    La tarde daba para caminar, era viernes y quería pensar qué hacer con mi tiempo libre. Así que decidí dar una vuelta por el barrio antes de encerrarme en mi departamento.

Plin, plum, plaf.
—¿Ya estás acá?
—Es el momento propicio para que comiences a aprender otro idioma, Laia.
—¿Y quién te pidió concejos? borráte.
—Es algo que siempre soñaste hacer, así que dale para adelante.
—¡No me alientes! ¡Odio eso!  Rajá, No te necesito.
—Andá a un boliche con tus amigas, Laia. El Sol dice que van a bailar hasta el amanecer.
—Quiero caminar estas cuadras a solas. Desconectate, por favor o te desintegro.
Plaf, plum, plin.
—Bien.
Plin, plum, plaf.
—¡Oh, no! ¡Otra vez!
—Tomá las riendas, Laia y planificá una salida con tu pareja.
—¡¿Eh?! ¡¿Qué decís?!
—Bruno estuvo tan ocupado que, a pesar de sus ganas, no tuvo tiempo de organizar ningún plan de a dos.
—¡Encima lo defendés! ¡Qué sabés vos de ése, plasma descerebrado! ¡Hace una semana que no le hablo! ¡Seguro que ya se transa a otra! Te desintegro ya, plástico de mierda...
—No no. Plaf, plum, plin.
—Ah. Sabés donde te aprieta el zapato ¿no?

    Hubiese caminado unas cuadras más, pero el plástico me cagó la tarde. Así que pegué la vuelta. ¿Por qué carajo lo aguanto todavía?


miércoles, 11 de septiembre de 2019

Primero del lado del hueso


Primero del lado del hueso

(Nahuel Delgado, autor de este relato, tuvo el gesto grato de ofrecerlo a este blog. Muchas gracias).

El asado está a punto. Tiene una pinta bárbara. El paisano será un hijo de puta, pero se manda unos terribles. Como mierda lo hace, ni idea. Pero esta carne es lo mejor que comí en mi perra vida. ¿O no gorda que esta buenísimo esto? Genial. Che gorda, ¿y el mocoso donde está? Ese pelotudo vaguea todo el día, andá a saber a que hora llegó y a que carajo de hora se levanta. Lo que se pierde el salame ese. Pero volviendo al paisano, ahí lo tenés, echo mierda. Se agacha a filetear y parece que no se levanta nunca más. Ya esta viejo. Hasta acá llegaste. Mira paisanito, viene complicada la cosa. Si, ya se que fueron treinta años. Si ya se que fuiste uno de los primeros y que le ayudaste a levantar todo esto a mi viejo. Pero mi viejo fue mi viejo y yo soy yo. Además no te hagás el gil que ya te lo venias venir. Hace unos año que a penas te movés. Sacando estos asados que te mandás, durante la semana te rascás las bolas a quince manos. No, no me hagas el número de las lágrimas. Gorda vos no te metas que de negocios no sabés un carajo. Al final, que gaucho no se que, que gaucho que saca pecho y ahora andás mariconeando. Tuviste tiempo como para buscarte otra cosa. Pero no, te digo que no es nada personal. Ya está paisano. No, esperá, no te vayas así enojado. Ni siquiera probaste la carne. Dale, vení, sentate, nos tomamos un vinito por los viejos tiempo. Estás emputecido, eh. ¿Qué ya voy a ver? ¿Me estás amenazando paisano? ¿A mi? Hijo de remil puta, pero si sos un vagabundo de cuarta. Mirá ¿sabés qué? andate. No te quiero ver más por acá. Sos un viejo choto. Te tendría que haber sacado a patadas en el culo hace un par de años. Si, si. Bla, bla. Agarra las porquerías que te quedan y levantá campamento. Andate a la mierda.
Gorda no me mires así. Qué me iba a imaginar que se iba a calentar de esta manera. Uno le da de comer y salta como leche hervida. ¿Venganza? No gorda, a este no le da el bocho como para planear algo. Es una mierda desagradecida. Es más, lo tendría que haber ubicado de un saque. No lo cagué a palos por que el asado está genial.
Che, Gorda ¿hace cuánto no ves al pibe? ¿Dos días? Que raro. Que va a ser, ese pelotudo se lo pierde. Qué bueno que está esto la puta madre.

Ahora del lado de la carne

Che, que cagada Benítez.
Usted por que no vio a la familia, comisario: estaban echos mierda.
Me imagino, cuanto morbo Benítez, y esto recién empieza, ahora viene todo el papeleo, toda la cagada de los medios, que los fiscales, que lo otro, esto va para atrás, vos le tomaste la denuncia?
Yo en persona comisario, como es domingo no había nadie más.
Oh pobre familia, no pegan una, bue, a ver, léeme esa porquería que redactaste, pero lee bien hijo de puta.
Quédese tranquilo comisario, que me salio alta joya.


En la comisaría octava de la ciudad de Ayacucho, dependiente de la dirección general de la policía de la provincia de Buenos Aires. A los veinticinco días del mes de marzo del año dos mil uno, siendo la hora 21.45 se hace comparecer a despacho un N.N quien manifiesta deseo de radicar un escrito y al ser interrogado por sus datos de identidad personal dijo llamarse “Rogelio Juan de la Olla” de Nacionalidad Argentino, de 56 años de edad, estado civil casado, con instrucción, terrateniente, domiciliado en Estancia “La esperanza” Nº 4317, titular del DNI “13.949.798”, identidad que acredita con juramento de ley. Seguidamente abierto el acto, en uso de la palabra expone: que viene a poner en conocimiento ante esta instancia policial, que en el día de la fecha, al encontrarse dentro de su vivienda, siendo las 20:15 escucha en el exterior una voz de alerta; al salir toma conocimiento a través de uno de sus peones acerca del hallazgo de restos de apariencia humana y en sus inmediaciones prendas de vestir, las cuales Rogelio pudo identificar como pertenecientes a su hijo Marcos Juan de la Olla, de 23 años, DNI “35.444.909” cuyo paradero se encontraba en situación desconocida por parte de sus progenitores, quienes lo creían ausente del ámbito familiar por cuestiones recreativas y de ocio. Agrega Rogelio que en situación de conmoción total y siguiendo la pista de miembros amputados, culmina el seguimiento en la parrilla ubicada en el jardín de la Estancia, donde dos tiras de carnes ya frías, al igual que las brasas, aguardaban sobrantes del asado dominguero. En un estado de emoción alterada, corriese Rogelio al baño, pero la incontinencia del contexto y la ausencia de control total sobre su esfínter esofágico superior, produjeron un desbordamiento gástrico y la consecuente regurgitación de trocitos de su primogénito, entre ensalada de repollo y rabanitos semi-digeridos. Poniendo al corriente de la tragedia a su esposa, Patricia Noemí Viveros, DNI 16.134.229, Alias “La gorda”, deciden comparecer y radicar la presente para dejar constancia de lo sucedido, a la vez que incriminan al presunto sospechoso, Walter Jacinto Gómez, DNI desconocido, Alias “El paisano” o “el paisanito”, autor material, intelectual y gastronómico del asado del mediodía, y actualmente de paradero desconocido.
Preguntado Rogelio si puede establecer el motivo por el cual Walter “el paisanito” Gómez, habría procedido de tal manera, responde que desconoce el por que de su actuación, según su testimonio, el “Paisano” era buena gente y ese mediodía luego de oficiar de asador se retiro pacíficamente sin probar bocado, alegando otro compromiso. Agrega Rogelio que esa misma tarde tenía pensado notificar al Paisano su ascenso a capataz general, en reconocimiento a tantos años de fiel trabajo.
No siendo para mas, se da por finalizado el presente acto, previa integra lectura del compareciente quien para constancia legal lee, se ratifica y firma al pie por ante mi que certifico.
Se instruye sumario judicial nº 78/07 caratulado “homicidio” con intervención de juzgado de instrucción Nº 3, secretaria Nº 5 de la cuarta circunscripción judicial de la provincia de buenos aires.
Se expide el presente a solicitud de parte interesada para los fines que estime conveniente.